Alma em Verso
Poesia

pena del vidalitero

Osiris Rodríguez Castillos

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(A modo de prólogo)

Palomita blanca, vidalitay, que encontré en la huella, llevale esta carta, vidalitay, a mi buena estrella.

...Si equivocado estoy, no digas nada; yo soy... el que se enfrenta con la Duda y anda en un aire lento de guitarras, vidalitero pálido de música;

vidalitero triste; hondero pampa solitario hasta el hueso que, en procura de un eco prisionero en las distancias suelta palomas que no vuelven nunca...

Que no pueden volver, pues la guitarra tiene la voz conforme a la ternura y sólo el que se acerca desentraña la gravidez secreta de sus curvas.

y el decir, es dolor. - Cada mañana se despierta la voz, joven y pura; cada noche se duerme desgarrada por la espina sutil de las preguntas... -

Yo canto en el desierto. (Nadie pasa cerca de mis chilcales y mis tunas; nadie se acerca tanto a mi guitarra que entibie sus palomas moribundas...)

Y ya se me han perdido tantas cartas (Las enseñé a volar una por una y a la vuelta del tiempo he reencontrado las cartas rotas... y las alas truncas.)

No obstante... Cuando pasa solitaria la noche en la piragua de la luna me encuentra, siempre y siempre, retornando descarriadas palabras a su música...

Recibí con el ser, esta porfiada vocación de alumbrar, honda y oscura: (no se me dio más luz que un solo rayo, y el Dueño de la Luz... casi no alumbra).

Sin embargo, camino. Sin embargo rescato mi guitarra de las brumas y me resigno a ser crucificado siendo la Cruz del Sur, martirio... y brújula.

Tiene que ser así: Vamos andando. De tantas cartas ha de haber alguna que encuentre al fin la puerta del cercado y entre a girar sin pausa y sin premura...

Bastará que una llegue. Mientras tanto, peregrino en el tiempo de mi música, proseguiré hasta el pie de las auroras a reclamar mi luz: (Quiero hacer una canción fundamental, para los hombres que esperan La Canción. He de hacer una)

... Ya alguna vez sentí la melodía. Alguna vez la presentí desnuda palpitando en la orilla del silencio como una estrella... Alguna vez. Alguna: pero esa vez me la robó el Pampero.

(El bronco viento pampa, arreando lluvias la alzó en el anca gris de la tormenta y la violó en su toldería oscura!). Desde entonces la nombro.

Desde entonces la voy llamando: “Estrella!...” Y no me alumbra.

Cómo, Señor, entonces, conformarme con los bichos de luz de mis llanuras!...

A veces, puesto en Hombre (y de a caballo) blasfemé con la voz de mi Amargura y a veces, en gurí, maté luciérnagas por saber si es mi luz esa que ocultan...

... Tengo ahora las manos luminosas de asesinar la candidez sin culpa...

(Ya soy, más bien que un hombre, una luz mala; más que una concreción... soy una angustia!).

Si equivocado estoy, no digas nada; yo soy el que se enfrenta con la Duda y anda en un aire lento de guitarras vidalitero pálido de música;

vidalitero triste, hondero pampa solitario hasta el hueso, que, en procura de un eco prisionero en las distancias suelta palomas que no vuelven... Nunca!

Crédito da fonte: Osiris